Cero muertes atribuibles, mínima carga de enfermedad
A nivel poblacional, el contraste con las drogas lícitas es categórico, tanto en muertes como en años de vida saludable perdidos.
El argumento de seguridad no se sostiene solo en la toxicología de laboratorio: se confirma cuando se mira a la población entera. El estudio de referencia en estadísticas globales de consumo de sustancias comparó el peso real del alcohol, el tabaco y las drogas ilícitas sobre la salud pública (Peacock et al., 2018). Los números son contundentes y van en una sola dirección.
En mortalidad, el tabaco causa 110,7 muertes por cada 100.000 habitantes y el alcohol 33; al cannabis se le atribuyen cero muertes asociadas a su consumo. La misma asimetría aparece al medir la carga de enfermedad con los Años de Vida Ajustados por Discapacidad (AVAD), que cuantifican los años de vida saludable perdidos por enfermedad, discapacidad o muerte prematura.
Muertes atribuibles (por 100.000 hab.)

AVAD globales 2015 (millones de años)

El dato que ordena toda la sección: en 2015 el tabaco generó una carga global de 170,9 millones de años de vida saludable perdidos y el alcohol 85 millones, mientras que todas las drogas ilícitas juntas —cannabis incluido— sumaron 27,8 millones, una fracción de lo que aporta el alcohol por sí solo. A esto se añade que la prevalencia de uso del cannabis (3,8% mundial en 2015) es muy inferior a la del alcohol (18,3%) y el tabaco diario (15,2%).
De aquí surge la observación más incómoda para el sentido común: el daño acumulado de las dos sustancias psicoactivas lícitas sobre la salud pública es muy superior al del cannabis, y sin embargo la presión regulatoria y penal recae de forma desproporcionada sobre este último. La evidencia poblacional, no la opinión, es la que revela esa desproporción.
Fuentes de este artículo
2018Menos adictiva que el alcohol, la nicotina y los opioides →