Menos adictiva que el alcohol, la nicotina y los opioides
De cada 100 personas que prueban una sustancia, ¿cuántas desarrollan dependencia? El cannabis está al final de la lista.
La adicción es, junto con la peligrosidad, el otro gran temor asociado al cannabis. También aquí los datos invitan a recalibrar. La pregunta correcta no es si una sustancia "engancha", sino con qué frecuencia: de cada cien personas que la prueban, ¿cuántas terminan desarrollando dependencia? Dos grandes encuestas epidemiológicas nacionales de EE.UU., separadas por casi dos décadas, entregan un ordenamiento coincidente (Anthony et al., 1994; Lopez-Quintero et al., 2011).
Probabilidad de dependencia entre quienes consumen (%) — dos encuestas

El contraste con las sustancias lícitas es nítido en ambos estudios, y se acentúa en el más reciente y de mayor tamaño: en la encuesta NESARC, la nicotina genera dependencia en dos de cada tres consumidores (67,5%) y el alcohol en cerca de uno de cada cuatro (22,7%), mientras el cannabis se mantiene por debajo del 10% (8,9%). Es decir: las dos sustancias lícitas y socialmente normalizadas son mucho más adictivas que aquella cuyo consumo se persigue.
Esta lectura coincide con el análisis más citado sobre daño comparado de drogas, que evaluó cada sustancia según dieciséis criterios de perjuicio —al propio consumidor y a terceros— y concluyó que el alcohol es la droga más dañina en conjunto, situando al cannabis muy por debajo de él, de la heroína y del crack (Nutt, King & Phillips, 2010, The Lancet). Conviene una precisión honesta: ninguna sustancia psicoactiva es inocua, y el cannabis tampoco lo es. El punto no es negar todo riesgo de dependencia, sino dimensionarlo en su justa proporción frente a sustancias que la sociedad ya acepta.
Fuentes de este artículo
2010A quién ayuda: condiciones y magnitud humana →