Conducción: presencia de THC ≠ impedimento
El error central de las políticas tipo "límite per se" es tratar el THC como el alcohol. La farmacocinética demuestra por qué eso es científicamente injustificable.
Este es, quizás, el punto donde la ciencia y la política pública están más desalineadas. La regulación de la conducción se construyó sobre el modelo del alcohol, donde la concentración en sangre se correlaciona razonablemente bien con el grado de deterioro. Con el THC, esa lógica simplemente no se traslada — y asumir que sí lo hace es un error técnico con consecuencias legales reales.
La razón está en la farmacocinética. Al fumar, el THC en sangre alcanza su pico en pocos minutos y luego cae con rapidez, justo cuando los efectos sobre el comportamiento recién aparecen; por la vía oral, el pico es tardío y mucho más bajo. Es decir, la concentración en sangre y el grado de deterioro siguen curvas distintas y desacopladas. Una cifra alta puede corresponder a alguien que ya no está deteriorado, y una cifra baja no descarta consumo previo.
THC en sangre según vía (usuario ocasional)

Ventana de detección por matriz

Las implicancias son directas. Por un lado, los límites "per se" —umbrales fijos de THC en sangre que definen legalmente la infracción— carecen de justificación científica, porque no marcan el deterioro real (Wurz & DeGregorio, 2022; DeGregorio et al., 2024). Por otro, como los consumidores frecuentes —incluidos muchos pacientes— mantienen THC residual en sangre durante días de abstinencia, esos límites pueden criminalizar a conductores que no están deteriorados (Peng et al., 2020). Este punto es crítico para el paciente medicinal: la mera presencia de THC no equivale a impedimento ni a consumo reciente, y tampoco debería bastar, por sí sola, para una sanción laboral o de tránsito.
¿Significa esto que el deterioro no se puede detectar? No. Significa que hay que medir lo correcto. La evaluación válida combina pruebas de desempeño psicomotor con marcadores que sí indican consumo verdaderamente reciente: los cannabinoides transitorios —como el cannabigerol (CBG), el cannabicromeno (CBC) y la THCV— que solo están presentes durante la ventana de impedimento y desaparecen pocas horas después de fumar (Wurz & DeGregorio, 2022). La conclusión, respaldada incluso por el informe de la agencia de seguridad vial de EE.UU. al Congreso (NHTSA, 2017), es que detectar THC y detectar deterioro son dos preguntas distintas, y confundirlas conduce a injusticias.
Fuentes de este artículo
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