Depresión, ansiedad y motivación: lo que se sabe del cannabis más allá de la psicosis
El consumo en la adolescencia se asocia con algo más de depresión y conducta suicida en la adultez joven, aunque no está probado que sea la causa. Como tratamiento de trastornos mentales la evidencia es escasa, y el «síndrome amotivacional» tiene menos respaldo del que se cree.
En cannabis y salud mental, la psicosis se lleva casi toda la atención. En una casa con adolescentes las preguntas suelen ser otras: si deprime, si calma o empeora la ansiedad, si «quita las ganas».
En adolescentes: una asociación pequeña, pero que importa
El trabajo más citado es un metaanálisis publicado en JAMA Psychiatry en 2019 —un estudio que combina otros estudios— con 11 investigaciones y 23.317 personas, seguidas desde la adolescencia hasta la adultez joven. Quienes consumieron cannabis antes de los 18 años tuvieron después más depresión (razón de probabilidades de 1,37; un riesgo en torno a un tercio mayor) y más ideas suicidas (1,50). Para los intentos de suicidio la cifra fue más alta (3,46), con un margen de error muy amplio. Para la ansiedad no hubo asociación clara.
Asociación no es lo mismo que causa. Los estudios no midieron cuánto se consumía, y un adolescente que ya lo está pasando mal tiene más probabilidades tanto de consumir como de deprimirse. Aun así, los autores advierten que, con un consumo tan frecuente, un riesgo individual modesto importa a nivel de país. La revisión de las Academias Nacionales de Ciencias de EE.UU. (2017) llegó a una lectura parecida: evidencia moderada de una asociación con un aumento pequeño del riesgo de depresión, y con más ideas e intentos suicidas, sobre todo en consumidores intensos.
Ansiedad: la dosis cambia el signo del efecto
Poco THC puede relajar; más THC, lo contrario. En un experimento de la Universidad de Chicago con 42 adultos sanos, consumidores ocasionales, quienes recibieron una cápsula de 7,5 mg de THC reportaron menos angustia que el grupo placebo tras una prueba de estrés: hablar y hacer cálculos frente a evaluadores. Con 12,5 mg aumentaron el ánimo negativo y la sensación de amenaza. Es un estudio pequeño y de una sola dosis: no dice nada sobre el consumo diario.
A largo plazo, una revisión crítica de 2024 encontró que consumo y trastornos de ansiedad aparecen asociados, pero que en varios estudios de seguimiento la asociación desaparece al considerar otros factores. Entre el 55% y el 89% de las personas con consumo problemático dijo que su ansiedad había comenzado antes que el consumo. Esos autores creen más probable que la ansiedad lleve al cannabis que lo contrario; es una interpretación, no un hecho establecido.
«Me calma»: por qué el alivio no equivale a tratamiento
La revisión más completa, publicada en The Lancet Psychiatry en 2019, reunió 83 estudios, 40 de ellos ensayos controlados (3.067 participantes). Los preparados farmacéuticos con THC mejoraron levemente la ansiedad, pero casi siempre en personas con otra enfermedad, como dolor crónico o esclerosis múltiple, y con evidencia de «muy baja» calidad. En depresión no hubo mejoría. Y hubo más efectos adversos que con placebo. Las Academias Nacionales, en su capítulo sobre usos terapéuticos, solo hallaron evidencia «limitada», y acotada a una prueba de hablar en público en personas con ansiedad social.
Los autores de The Lancet Psychiatry concluyen que no hay evidencia suficiente para orientar el uso de cannabinoides en la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático. Eso no prueba que no sirvan: faltan ensayos buenos.
El «síndrome amotivacional»: un estereotipo con poco respaldo
Los estudios recientes matizan la imagen del consumidor apático. Un estudio británico comparó a 274 adolescentes y adultos: consumidores de tres a cuatro días por semana frente a no consumidores. No halló diferencias en apatía ni en la disposición a esforzarse por una recompensa, conclusión que se mantuvo tras una corrección posterior de los datos. Es un consumo moderado; no cubre el uso diario intenso.
Una encuesta a 1.168 personas en EE.UU. encontró relaciones débiles entre consumo y menor motivación, explicadas en su mayoría por depresión, otras sustancias y personalidad. La excepción: el consumo problemático siguió asociado a más apatía.
Cuándo pedir ayuda
Tristeza o angustia que duran semanas, aislamiento, una caída brusca en el colegio o consumir para poder dormir o enfrentar el día son motivos para consultar a un profesional de salud mental, haya o no cannabis de por medio. En Chile, Salud Responde atiende en el 600 360 7777. Si hay ideas de suicidio, la línea *4141 del Ministerio de Salud es gratuita y funciona las 24 horas desde celulares.
Lo que sabemos y lo que no
- El consumo adolescente se asocia con algo más de depresión y conducta suicida en la adultez joven. No está demostrado que el cannabis sea la causa.
- Dosis bajas de THC pueden aliviar la ansiedad del momento y dosis mayores, aumentarla. No está establecido que cause trastornos de ansiedad.
- No hay evidencia de calidad que respalde el cannabis como tratamiento de la depresión o la ansiedad.
- El consumo moderado no aparece ligado a la apatía; el consumo problemático sí, y no se sabe qué viene primero.
Fuentes de este artículo
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