Fumar, vaporizar o comer: cada vía cambia el riesgo, ninguna lo elimina
El humo daña los bronquios; vaporizar la flor probablemente lo evita, pero con poca evidencia directa; los comestibles cuidan el pulmón y concentran las intoxicaciones. Y el brote de EVALI de 2019, con 68 muertes, mostró qué ocurre cuando nadie controla lo que trae un cartucho.
Entre mediados de 2019 y febrero de 2020, 2.807 personas fueron hospitalizadas en Estados Unidos por una lesión pulmonar grave asociada al vapeo, y 68 murieron, según el registro de los CDC. No las mató la planta: el principal sospechoso fue un aditivo de cartuchos con THC, en su mayoría de origen informal. La lección: cambiar la forma de consumir cambia el tipo de riesgo, pero no lo borra.
El humo: el daño mejor documentado
La Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. concluyó en 2017 que hay evidencia sustancial de que fumar cannabis por años se asocia con más tos, flema y episodios de bronquitis crónica, y evidencia moderada de que esos síntomas mejoran al dejarlo.
Para la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) la evidencia es limitada, en parte porque cuesta separar el efecto del cannabis del efecto del tabaco. Una revisión del neumólogo Donald Tashkin (2013) no encontró, en estudios bien diseñados, un aumento del cáncer de pulmón con consumo leve o moderado; para el consumo intenso y prolongado, los datos no coinciden. Su conclusión: riesgos pulmonares mucho menores que los del tabaco, que no es lo mismo que ausentes.
Vaporizar la flor: menos humo, no cero riesgo
Un vaporizador de hierba seca calienta la flor sin quemarla. Las Lower-Risk Cannabis Use Guidelines —guías de reducción de riesgos de un panel internacional de investigadores, actualizadas en 2022— aconsejan evitar las vías que implican fumar. Pero la evidencia directa en personas es escasa. El estudio más citado es una encuesta por internet a 6.883 consumidores: quienes vaporizaban reportaron menos de la mitad de síntomas respiratorios. Solo 152 usaban vaporizador y nadie midió sus pulmones.
Hay además un efecto poco conocido. En un ensayo con 17 adultos que consumían rara vez, la misma cantidad de THC produjo efectos más fuertes y más THC en sangre vaporizada que fumada. Cuidar el pulmón no equivale a un efecto más suave.
EVALI: el problema no fue la planta, fue el cartucho
Los cartuchos de aceite para vapear son un producto distinto de la flor vaporizada. En el brote de 2019, el 82 % de los pacientes con datos disponibles había usado productos con THC. Entre quienes informaron dónde los consiguieron, el 78 % los obtuvo solo por vías informales: amigos, vendedores, internet. Los CDC hallaron acetato de vitamina E —un aditivo del aceite— en el líquido pulmonar de 48 de 51 pacientes, y en ninguna de las personas sanas con que los compararon.
El organismo considera ese aditivo «fuertemente vinculado» al brote, aunque no descartó que otros químicos contribuyeran en algunos casos. Su recomendación: no usar productos de vapeo con THC, en particular de origen informal.
Comestibles: pulmones a salvo, efecto difícil de prever
Comer cannabis evita el daño respiratorio, pero cambia su química. El hígado convierte buena parte del THC en 11-hidroxi-THC, un derivado igualmente psicoactivo. Según la revisión farmacológica de Huestis, tras fumar este compuesto ronda el 10 % de la concentración de THC en sangre; por vía oral, ambos alcanzan niveles similares. El efecto tarda entre 30 minutos y 2 horas en aparecer y lo agudo puede durar hasta 12, según Health Canada.
Esa demora explica las intoxicaciones: la persona no siente nada, vuelve a consumir, y todo llega junto. Los CDC agregan que el contenido de THC de estos productos suele ser desconocido o estar mal etiquetado. En un hospital universitario de Colorado, los comestibles representaban el 0,32 % del THC vendido en el estado y el 10,7 % de las urgencias atribuibles a cannabis (2014-2016). Es un solo hospital; coincide con las advertencias oficiales. Riesgo aparte: los niños que los comen por accidente, un problema que el NIDA, el instituto estadounidense sobre drogas, describe como creciente.
Concentrados: mucho THC en muy poco tiempo
Los extractos de alta potencia (ceras, resinas, «dabs») se inhalan calentados. El NIDA advierte que entregan grandes cantidades de THC muy rápido, lo que eleva el riesgo de efectos adversos. En un estudio observacional con 121 consumidores habituales en Colorado, quienes usaban concentrados quedaron con más del doble de THC en sangre que quienes usaban flor. Las guías de reducción de riesgos recomiendan evitar los productos de alta potencia.
En resumen
- Fumar daña las vías respiratorias: bronquitis crónica con evidencia sólida; EPOC y cáncer de pulmón, con evidencia incierta.
- Vaporizar la flor probablemente reduce ese daño, pero faltan estudios de largo plazo y el efecto puede ser más intenso.
- Los comestibles no tocan el pulmón, pero concentran las intoxicaciones.
- Las 68 muertes de EVALI se vinculan a cartuchos adulterados, no a la planta. Con productos de origen desconocido, nadie sabe qué está inhalando.
Esto es información sobre riesgos, no una recomendación de consumo. Si tienes una enfermedad respiratoria o cardíaca, convérsalo con tu médico.
Fuentes de este artículo
s/f (consultado 2026)La marihuana de hoy no es la de los noventa, y los «sintéticos» ni siquiera son marihuana →