Índica y sativa: etiquetas que no predicen lo que contiene la planta
Tres estudios genéticos y químicos, en Canadá, Países Bajos y Estados Unidos, coinciden: los rótulos índica, sativa e híbrida no reflejan de forma fiable la composición del producto. Y ninguno dice cuánto THC hay, que es lo que más pesa.
Donde el cannabis se vende legalmente, como en varios estados de Estados Unidos, el envase suele llevar una de tres etiquetas: índica, sativa o híbrida. La promesa es simple: la índica relaja y da sueño, la sativa activa y anima, la híbrida queda al medio. Cuando los investigadores han comparado esas etiquetas con el ADN y con la composición química de las plantas, la promesa no se sostiene bien.
Dos nombres del siglo XVIII que cambiaron de significado
Los nombres son antiguos. Linneo describió Cannabis sativa en 1753 a partir de la planta que se cultivaba en Europa. En 1785, Lamarck llamó Cannabis indica a plantas de la India y otras regiones, de olor fuerte y capaces de embriagar. Una revisión del investigador John McPartland (2018) reconstruye lo que pasó después: en el siglo XX varios autores aplicaron esos nombres a plantas que no correspondían a las descripciones originales, y el uso popular terminó contradiciendo al botánico.
A eso se sumaron décadas de cruces entre plantas. McPartland cita un ejemplo: una misma variedad híbrida ganó un concurso como «mejor sativa» en 1999 y como «mejor índica» cuatro años después.
Ni el ADN ni la química respaldan las etiquetas
En 2015, un equipo canadiense analizó 81 muestras de marihuana y 43 de cáñamo, la variedad de la planta que se cultiva por su fibra. La proporción de «sativa» o «índica» que se declaraba para cada variedad se relacionaba solo de forma moderada con su genética real: explicaba cerca de un tercio de las diferencias. Y en 6 de 17 comparaciones, una muestra se parecía más a plantas con otro nombre comercial que a las que llevaban su mismo nombre. El límite del estudio: las restricciones legales dificultaron conseguir muestras, y eso puede afectar cuán representativas son.
En 2021, un estudio publicado en Nature Plants midió 40 compuestos en 297 muestras y leyó el ADN de 137 de ellas. Las plantas rotuladas como sativa y como índica no formaron grupos genéticos separados. Muestras con idéntico nombre comercial resultaron a menudo tan distintas entre sí como muestras con nombres diferentes. Todas venían de los Países Bajos, así que el resultado puede no valer igual en otros mercados.
El trabajo más grande es de 2022: casi 90.000 muestras de flores analizadas por laboratorios comerciales en seis estados de Estados Unidos. El 96,5 % eran plantas dominadas por THC, el compuesto que embriaga. En los terpenos, los compuestos que dan su aroma a la planta, aparecieron tres grandes perfiles químicos. Las etiquetas índica, sativa e híbrida no coincidían de manera consistente con ninguno.
La creencia popular, con todo, tiene una base real. El estudio de Nature Plants encontró que la etiqueta sí se asocia con unos pocos terpenos: las muestras rotuladas «índica» tendían a tener más mirceno, por ejemplo. Los rótulos parecen seguir, sobre todo, el aroma. Pero la relación es débil: el perfil químico completo explicaba apenas un 41 % de la variación en las etiquetas.
Lo que ninguno de estos estudios midió: el efecto en personas
Estos trabajos compararon etiquetas con genes y con moléculas. Ninguno le dio cannabis a personas para ver si la «índica» relaja más que la «sativa». Lo que muestran es que el rótulo no informa de forma fiable qué contiene el producto. Y si no informa el contenido, difícilmente puede predecir el efecto.
El neurólogo Ethan Russo, investigador conocido en este campo, fue tajante en una entrevista publicada en una revista científica en 2016: la distinción, tal como se usa popularmente, es «un completo sinsentido». Su propuesta es que cada producto informe su composición medida en laboratorio. Russo atribuye la somnolencia asociada a las «índicas» al mirceno, pero la entrevista es una opinión experta: no presenta ensayos con personas que lo demuestren.
Qué pesa más que la etiqueta
- Cuánto THC y cuánto CBD hay. El THC es el que embriaga; el CBD no. Ninguna de las tres etiquetas informa esas cantidades.
- La vía. Fumado, el efecto se siente en segundos o minutos; ingerido, tarda entre 30 minutos y 2 horas y dura de 5 a 8 horas o más, según las Academias Nacionales de Ciencias de Estados Unidos.
- Los terpenos, quizá: es una hipótesis con poca evidencia en personas.
Lo que sabemos y lo que no
- Tres estudios independientes, en Canadá, Países Bajos y Estados Unidos, coinciden: las etiquetas índica y sativa no reflejan de forma fiable ni la genética ni la química de la planta.
- Las etiquetas se asocian débilmente con algunos terpenos. No está demostrado que eso se traduzca en efectos distintos en personas: estos estudios no lo midieron.
- En el mayor de los estudios, el 96,5 % de las muestras era rico en THC, llevara el rótulo que llevara. Una etiqueta que suena suave no indica un producto suave.
Fuentes de este artículo
2022El cannabis actúa sobre un sistema que el cuerpo ya tiene →