Pulmones, corazón y cáncer: qué le hace fumar cannabis al cuerpo
Fumar cannabis con frecuencia irrita los bronquios: eso está bien establecido. Con el cáncer de pulmón no se ha demostrado una asociación, y en el corazón los estudios recientes preocupan más que los antiguos, aunque todavía no prueban causa.
Quien compara el cannabis con el cigarrillo suele irse a uno de dos extremos: «es humo, así que es igual de malo» o «es natural, así que no hace nada». La evidencia no respalda ninguno de los dos.
Bronquios: el daño mejor demostrado
El humo de cannabis se parece al del tabaco. La Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) recuerda que contiene componentes similares, y que fumarlo eleva el monóxido de carbono en la sangre y el alquitrán inhalado, tal como ocurre con un cigarrillo.
La revisión de las Academias Nacionales de Ciencias de EE.UU. (2017) encontró evidencia sustancial de que fumar cannabis a largo plazo se asocia con más tos, más flema y episodios más frecuentes de bronquitis crónica. Un metaanálisis de 2018 (un estudio que combina otros; aquí, 22) estimó cerca del doble de riesgo de tos y casi cuatro veces más de flema, aunque sus autores califican la evidencia como de baja solidez. Hay evidencia moderada de que estos síntomas mejoran al dejar de fumar.
Función pulmonar: aquí el cannabis no se comporta como el tabaco
El estudio CARDIA midió la capacidad pulmonar de 5.115 adultos durante 20 años. Con el tabaco la relación fue pareja: a más cigarrillos, peores pulmones. Con el cannabis, el consumo ocasional o moderado no se asoció con peor función pulmonar. Entre los consumidores muy intensos asomaba un deterioro, pero eran demasiado pocos para concluir.
Sobre la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), las Academias Nacionales solo hallaron evidencia limitada, y la revisión del neumólogo Donald Tashkin (2013) concluye que no se ha establecido un vínculo claro.
Cáncer: sin asociación demostrada con el de pulmón, y una excepción a vigilar
El mayor análisis conjunto disponible reunió 2.159 casos de cáncer de pulmón y 2.985 personas sin la enfermedad. Tras descontar el tabaco, los fumadores habituales de cannabis no tuvieron más riesgo que el resto (razón de probabilidades de 0,96, es decir, prácticamente igual). Las Academias Nacionales concluyeron que hay evidencia moderada de que no existe asociación con el cáncer de pulmón ni con los de cabeza y cuello.
Los autores no descartan un efecto en consumidores muy intensos. Y una revisión de 2019 advierte que casi todos los estudios incluyen pocos fumadores exclusivos de cannabis y consumos bajos. Que no se haya encontrado una asociación no equivale a una garantía.
La excepción es el cáncer testicular. Las Academias Nacionales hallaron evidencia limitada de asociación con un tipo específico (tumores no seminoma). Un metaanálisis estimó unas 2,5 veces más probabilidad en quienes consumían al menos una vez por semana; se apoya en solo tres estudios estadounidenses, con datos de los años noventa.
Corazón: la evidencia reciente preocupa, pero no es concluyente
El THC acelera el pulso y sube la presión arterial poco después de consumirlo. En 2017, las Academias Nacionales solo hallaron evidencia limitada de que fumarlo pueda desencadenar un infarto o asociarse a un accidente cerebrovascular (ACV). La declaración de la AHA de 2020 no encontró beneficio cardiovascular alguno, recomendó no fumar ni vapear ninguna sustancia y reconoció el límite de fondo: casi todos los datos son de observación y no prueban causa.
Desde entonces apareció un estudio grande. Jeffers y colaboradores (2024) analizaron encuestas de 434.104 adultos estadounidenses. Quienes consumían cannabis a diario tenían cerca de 25% más probabilidad de haber sufrido un infarto y 42% más de un ACV, tras descontar el tabaco y otros factores; la asociación se mantuvo entre quienes nunca habían fumado tabaco. Como referencia, en el mismo estudio los fumadores de tabaco tenían más de dos veces y media la probabilidad de infarto. Es una encuesta de un solo momento, basada en lo que cada persona declara: no demuestra causa.
Otros datos apuntan en sentido contrario. El seguimiento de CARDIA por más de 25 años a 5.113 adultos no encontró asociación entre el consumo acumulado y la enfermedad cardiovascular, aunque registró pocos eventos (215) y, como ya se vio, pocos consumidores intensos. La evidencia, hoy, es mixta.
Esto no contradice lo que hemos publicado sobre la dosis letal. Que no haya muertes documentadas por intoxicación aguda —una sobredosis— no responde si el consumo diario, sostenido por años, aumenta el riesgo cardiovascular. Esa pregunta sigue abierta. Quien tenga una enfermedad cardíaca debería conversarlo con su médico.
Lo que sabemos y lo que no
- Bien establecido: fumar cannabis con frecuencia se asocia con tos, flema y bronquitis, que mejoran al dejarlo.
- No demostrado: una asociación con cáncer de pulmón o de cabeza y cuello, con la salvedad de que faltan datos en consumidores muy intensos.
- Señal a vigilar: cáncer testicular y, sobre todo, infarto y ACV en consumidores diarios.
- Pendiente: casi todo lo anterior se estudió en cannabis fumado; de las otras vías hay muchos menos datos de largo plazo.
Fuentes de este artículo
2024Vómitos que no paran y niños intoxicados: dos formas en que el cannabis lleva a urgencias →