¿Puerta de entrada a otras drogas? La asociación existe, la causa no está demostrada
Quienes consumen marihuana usan después otras drogas con más frecuencia que quienes no, y ese dato es real. Pero la mayoría nunca da ese paso, y casi cincuenta años de estudios no han logrado demostrar que sea la marihuana, y no otros factores, la que empuja.
Es el argumento más repetido en una sobremesa familiar: se empieza con marihuana y se termina en algo peor. Tiene una base estadística real, pero lo que muestran casi cincuenta años de investigación es más matizado que el dicho.
De dónde sale la idea
En 1975, la investigadora Denise Kandel publicó en Science dos encuestas de seguimiento a escolares del estado de Nueva York. Encontró un orden que se repetía: primero cerveza o vino, luego cigarrillos o licores, después marihuana y, al final, otras drogas ilegales. El 26% de los escolares que consumían marihuana pasó a LSD, anfetaminas o heroína, contra el 1% de quienes no consumían ninguna sustancia.
Un detalle suele omitirse: la marihuana no era el primer escalón. En pocos meses llegó a ella el 27% de los escolares que ya fumaban y bebían, contra el 2% de los que no usaban ninguna sustancia legal.
La correlación es real, pero la mayoría no da el paso
Un análisis de una gran encuesta nacional de Estados Unidos tomó a 6.624 adultos que habían empezado por el cannabis y estimó que el 44,7% llegó a usar alguna otra en algún momento de su vida. «Usar» incluye haberla probado una sola vez, y más de la mitad nunca lo hizo. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA) lo resume así: la mayoría de quienes consumen cannabis no pasa después a otras sustancias.
El riesgo no se reparte parejo. En un análisis de tres estudios de seguimiento de Australia y Nueva Zelanda (2.500 a 3.800 participantes), quienes consumían a diario antes de los 17 años usaron después otras drogas ilegales con mucha más frecuencia que quienes nunca consumieron, incluso descontando otros factores medidos. El estudio lo expresa con un odds ratio de 7,8, una medida de asociación: indica un vínculo fuerte, pero no equivale a «7,8 veces más riesgo».
Tres explicaciones alternativas
Que una cosa ocurra antes que otra no prueba que la cause. Hay al menos tres explicaciones más, y no se excluyen entre sí.
- Vulnerabilidad común. Los mismos factores genéticos y de entorno predisponen a consumir cualquier sustancia, no una en particular. Un modelo estadístico publicado en 2002 mostró que basta suponer una propensión general a consumir drogas para reproducir las cifras que se citan a favor de la puerta de entrada sin que la marihuana cause nada. Eso no descarta el efecto: muestra que no hace falta para explicar los datos.
- El orden depende de lo que hay a mano. Al comparar encuestas de la OMS en 17 países, la relación entre las primeras sustancias y las siguientes cambió según cuán común era cada una en cada país. Los autores concluyen que la secuencia refleja, al menos en parte, causas comunes no medidas.
- El mercado ilegal. Un estudio con 311 pares de gemelos australianos en que solo uno había consumido cannabis antes de los 17 años encontró que, en ese gemelo, el uso de otras drogas y la dependencia eran claramente más frecuentes que en su hermano (odds ratios de 2,1 a 5,2). Como los gemelos comparten crianza y todos o buena parte de sus genes, la vulnerabilidad común no lo explica todo. Los autores apuntan al contexto: quien consigue cannabis en un mercado ilegal queda más cerca de otras drogas.
La hipótesis biológica y lo que concluyen los organismos
En ratas, la exposición repetida al THC —el compuesto psicoactivo del cannabis— aumentó la respuesta posterior a la morfina. En otro experimento, ratas que recibieron THC en la adolescencia se administraron más heroína de adultas. Los límites son claros: animales, dosis inyectadas, laboratorio. NIDA lo recoge con cautela: el cannabis «podría» producir cambios cerebrales que faciliten otras adicciones.
La revisión de las Academias Nacionales de Ciencias de Estados Unidos (2017) encontró evidencia limitada de que consumir cannabis se asocie con cambios en el uso de otras sustancias, y evidencia moderada de que se asocie con desarrollar dependencia de otras. Habla de asociación, no de causa: según el informe, los datos no prueban de forma convincente que el cannabis lleve a iniciar otras drogas, aunque es una posibilidad. También pesan los factores de riesgo compartidos y que el cannabis sea más fácil de conseguir.
Lo que sabemos y lo que no
- La asociación es real, y más fuerte mientras más temprano y frecuente es el consumo.
- Aun así, la mayoría de quienes consumen cannabis no pasa a otras drogas.
- No está demostrado que el cannabis sea la causa. Vulnerabilidad común, disponibilidad y mercado ilegal explican buena parte; los estudios con gemelos y animales impiden descartar un efecto propio.
- El consumo temprano y frecuente es una señal de alerta en sí misma, cualquiera sea la explicación. Si te preocupa un caso concreto, convérsalo con un profesional de salud.
Fuentes de este artículo
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