Epilepsia refractaria: donde el cannabis medicinal tiene su mejor evidencia, y su historia chilena
En dos epilepsias infantiles graves, el cannabidiol farmacéutico redujo las crisis más que el placebo en ensayos rigurosos. No es una cura, no funciona en todos y tiene efectos adversos. En Chile, el debate lo abrieron las familias de los pacientes, antes de que existieran esos ensayos.
Si en algún terreno un derivado del cannabis pasó la prueba más exigente de la medicina —ensayos con placebo, en los que ni médicos ni familias sabían quién recibía qué—, es en dos formas graves de epilepsia infantil. Ahí comenzó también buena parte del debate chileno.
Qué significa que una epilepsia sea «refractaria»
Según la OMS, hasta el 70% de las personas con epilepsia podría vivir sin crisis con un uso adecuado de los medicamentos. El resto es el problema. La Liga Internacional contra la Epilepsia define la epilepsia resistente a fármacos —o refractaria— como aquella en que han fallado dos esquemas de medicamentos bien elegidos, bien usados y tolerados. Los síndromes de Dravet y de Lennox-Gastaut están entre los casos más duros: comienzan en la infancia y provocan crisis frecuentes, a veces decenas al mes.
Lo que mostraron los ensayos clínicos
Los estudios probaron cannabidiol (CBD) purificado, de grado farmacéutico —no THC, el compuesto que embriaga—, añadido durante 14 semanas al tratamiento habitual de cada paciente.
| Ensayo | Pacientes | Con CBD | Con placebo |
|---|---|---|---|
| Dravet (NEJM, 2017) | 120 | Crisis convulsivas: de 12,4 a 5,9 al mes | De 14,9 a 14,1 al mes |
| Lennox-Gastaut (NEJM, 2018) | 225 | Crisis con caída: −41,9% (dosis alta) y −37,2% (dosis baja) | −17,2% |
| Lennox-Gastaut (The Lancet, 2018) | 171 | Crisis con caída: −43,9% | −21,8% |
Un metaanálisis de 2018 —un estudio que combina ensayos— sumó cuatro de ellos, con 550 pacientes: el CBD redujo las crisis unos 20 puntos porcentuales más que el placebo. Con esa base, las agencias reguladoras de Estados Unidos (2018) y Europa (2019) aprobaron el medicamento para estos síndromes.
Ni cura ni solución para todos
Las mismas cifras muestran los límites. En el metaanálisis, el 37% de quienes recibieron la dosis alta logró reducir sus crisis al menos a la mitad, frente al 21% con placebo. Es decir, la mayoría no alcanzó ese umbral. En el ensayo de Dravet, solo el 5% quedó sin crisis convulsivas. Es un tratamiento que se suma a los otros, no que los reemplaza.
Tampoco es inocuo. Tuvo efectos adversos el 88% de los pacientes con CBD y el 72% con placebo; los más frecuentes fueron somnolencia, menos apetito, diarrea y alza de las enzimas del hígado, y el 8,9% dejó el tratamiento por esa causa (1,8% con placebo). Una revisión farmacológica precisa que esas alzas se dieron sobre todo en quienes tomaban además valproato, y que el CBD triplica en la sangre el derivado activo del clobazam, otro anticonvulsivante, lo que explica parte de la somnolencia.
Un punto más: lo que se probó fue un fármaco estandarizado, en dosis altas y con controles médicos. Los ensayos no evaluaron aceites artesanales ni productos con THC, cuyo contenido real no está garantizado. Sus resultados no se pueden trasladar sin más a otras epilepsias ni a otros preparados.
La historia chilena: las familias llegaron antes que los ensayos
En Chile, el tema entró al debate público antes de esas publicaciones. En septiembre de 2014, el Servicio Agrícola y Ganadero autorizó a Fundación Daya a cultivar cannabis en La Florida, en un proyecto descrito como investigación médica para unos 200 pacientes con cáncer y epilepsia. Hubo controversia: según consignó Cooperativa, los presidentes de nueve sociedades médicas, entre ellas el Colegio Médico, la cuestionaron por falta de evidencia. Ese mismo año, según un reportaje de la agencia AFP, se formó junto a esa fundación Mamá Cultiva, agrupación de madres de niños con epilepsia refractaria y otras enfermedades que usaban aceites de cannabis; en 2018 reunía a unas 600. Pedían que cultivar para un tratamiento dejara de perseguirse.
El marco legal cambió en dos pasos. El Decreto 84 del Ministerio de Salud, de diciembre de 2015, permitió al Instituto de Salud Pública autorizar medicamentos elaborados con cannabis y su venta en farmacias con receta retenida. Y la Ley 21.575, de mayo de 2023, estableció que el cultivo se entiende justificado cuando existe receta de un médico tratante que indique diagnóstico, tratamiento, duración y una forma de administración que no sea por combustión. Un análisis de la Revista de Derecho UDD advierte que falta regulación complementaria, lo que complica su aplicación. Esto es información general, no asesoría legal.
Lo que sabemos y lo que no
- El CBD farmacéutico reduce las crisis en los síndromes de Dravet y Lennox-Gastaut más que el placebo. Es el uso de un derivado del cannabis con la evidencia más exigente.
- No cura, no funciona en todos y tiene efectos adversos e interacciones que exigen seguimiento médico.
- No hay ensayos equivalentes para los preparados artesanales ni para la mayoría de las demás epilepsias.
- Se conocen poco sus efectos tras muchos años de uso. Cualquier cambio en el tratamiento de una epilepsia debe decidirse con el neurólogo tratante.
Fuentes de este artículo
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